¿QUÉ ES EL PERJUICIO FISIOLÓGICO EN UN ACCIDENTE LABORAL? – CASACIÓN LABORAL Nº 19865-2019 LIMA

SUMILLA: El perjuicio fisiológico es aquel que consiste esencialmente en las limitaciones que se causan a la víctima para realizar algunas actividades, afectando directamente su desarrollo funcional y el desenvolvimiento psicosocial, como perder la capacidad psicomotriz. Así, la pérdida de un miembro, aun cuando por el tipo de trabajo realizado por la víctima, no lleve consigo una disminución de ingresos, constituye evidentemente un daño resarcible, por la mengua y situación de inferioridad que lleva consigo en la vida.

FUNDAMENTOS DESTACADOS. –

Quinto. Respecto al daño moral

Tal como señala Álvarez Pérez (2015.150), el daño moral es el “íntimo sufrimiento o dolor que padece el individuo y que por lo tanto lesiona su integridad sicológica y espiritual.” Podrá ocurrir que el referido padecimiento se torne, también permanente o se manifieste como una patología, que afecta una esfera psíquica, así como a los sentimientos, relaciones afectivas y la dignidad de la persona.

En las relaciones laborales el daño moral engloba lesiones de intereses o bienes tales como el honor, la intimidad y la privacidad, como también al dolor físico, la angustia psicológica o la pérdida de oportunidades para disfrutar de una buena vida. Asimismo, Lana Fuenzalida (2016:195) sostiene que, el concepto de daño moral ha “llevado a pretensiones desmedidas de quienes buscan el resarcimiento de todo sentir incómodo, obviando muchas veces la simple realidad de que la vida en sociedad implica, de por sí, penas y pesares que le son consustanciales. Agrega que el daño ocasionado por otro puede causarnos dolor, entendido como sensación, pero el dolor en sí no es requisito de la esencia del daño ni la única manifestación o consecuencia de aquel. Dolor y sufrimiento, a su vez, tampoco son lo mismo, pues perfectamente puede existir este último sin el primero”.

Cabe resaltar, lo que la Corte Interamericana de Derechos Humanos4 entiende sobre el daño inmaterial (emplea este término):

El daño inmaterial puede comprender tanto los sufrimientos y las aflicciones causados a las víctimas directas y a sus allegados, el menoscabo de valores muy significativos para las personas, así como las alteraciones, de carácter no pecuniario, en las condiciones de existencia de la víctima o su familia.

La Corte Interamericana ha asociado el daño inmaterial con el padecimiento, sufrimiento, humillación, ansiedad, degradación, y la inculcación de sentimientos de inferioridad, frustración, inseguridad, e impotencia; asimismo, este tipo de daño ha sido, coligado con la obstaculización de valores culturales que sean particularmente característicos para la víctima o sus condiciones de existencia y ha sido visto como equivalente con la violación de la integridad personal.

De este modo, el daño material es de índole inmaterial, y su reparación tiene por finalidad un particular resarcimiento, bajo el entendido que hay un espectro importante de este tipo de daño, que nada puede borrar, ni restituir al estado anterior, lo que, por ejemplo, se ha padecido emocional o físicamente; distinto al daño patrimonial o material, que posee una naturaleza compensatoria, ya que, como refiere De Trazegnies Granda (2001:93)5 , apunta a una satisfacción, o compensación directa, cumpliendo así, para algunos, una suerte de función de pena privada de sanción civil, o un remedio con finalidad, a veces de tipo preventivo y punitivo.

Sexto. Perjuicio fisiológico

Existen diversos tipos de daño moral, pues los perjuicios extrapatrimoniales son muchos, tantos como los bienes extrapatrimoniales protegidos por nuestra Constitución, Tratados Internacionales y las Leyes.

No obstante, para el caso merece especial atención el denominado perjuicio fisiológico, en palabras de Álvarez Pérez (2015: 150)6 es aquel que, “consiste esencialmente en las limitaciones que se causan a la víctima para realizar algunas actividades que hacen más placentera y grata la vida del individuo, afectando directamente su desarrollo funcional y el desenvolvimiento psicosocial, como perder la capacidad psicomotriz”, en otras palabras señala el precitado autor que: “consiste en los cambios que inciden de manera negativa en las condiciones de salud y existencia de la víctima”.

Así pues, más allá del menoscabo económico que comprende al daño patrimonial, podemos encontrar aquel daño que sufre la victima cuando se atenta contra su integridad física, o alguna de las condiciones de su existencia, de modo tal que, no pueda realizar otras actividades vitales que, aunque necesariamente no produzcan rendimiento patrimonial, hacen agradable su existencia. Para tal efecto Tamayo Jaramillo (2015)7 , nos pone de manifiesto algunos ejemplos: como la pérdida de la visión, que privaría a la víctima del placer de dedicarse a la observación de un paisaje, a la lectura, o a la posibilidad de asistir a un espectáculo; de igual forma, como la lesión de un pie privaría a la victima de poder practicar su deporte preferido. Otro de los ejemplos del daño fisiológico es el que nos presenta De Cupis (1975: 10) al expresar que:

La pérdida de un miembro, aun cuando por el tipo de trabajo realizado por la víctima, no lleve consigo una disminución de ingresos, constituye evidentemente un daño resarcible, por la mengua y situación de inferioridad que lleva consigo en la vida.

Bajo este entendido, si el daño consiste en la pérdida de las actividades vitales (perjuicio fisiológico), será necesario que se le brinde a la víctima los medios necesarios para recuperarlas o para reemplazarlas por otras similares o supletorias; no obstante, si es imposible la restitución del bien extrapatrimonial que ha sido lesionado, surge entonces la posibilidad de otorgarle una satisfacción económica, que de cierto modo pretenda compensar el daño causado, ello mediante una indemnización.

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